Personal, Reflexiones

Medio Año

Que rápido pasa el tiempo. Y no me acostumbro a ser adulto. Quisiera volver a tener la seriedad que cuando niño jugaba. Quisiera que el tiempo nunca fuera suficiente para acabarme el mundo. Que los fines de semana no pararan para seguir jugando fútbol como cuando el Botafogo. Que las tardes en el triángulo con el Héctor. Que las juntas de la sociedad de alumnos de la secundaria no hubieran acabado cuando CECI y yo éramos los encargados. Que Shalom continuara. Que los conciertos de Jiram no hubieran parado. Seguir saliendo de misiones en el verano. O vivir un tiempo más en la Maison St Therese. Que las tardes en el tamichas cuando una michelada me mareaban, regresaran. Y así, tantas y tantas cosas..

Mas aun, ya no. Ahora quisiera que el tiempo no pasara tan rápido…. Estando en Rimond, Francia, recuerdo lo que el Hermano Juan Bautista me decía, después de los 25 empieza la pregunta de Y ahora ¿qué sigue?…. Y justo ahora el miedo llega y presiona… causa pánico… y esa pregunta causa un fuerte eco en la mente. Inquieta al corazón. Desbalancea el pensamiento. ¿Como quiero vivir? ¿Como quiero seguir? ¿qué quiero de mi vida?… ¿qué he hecho?… ¿qué voy a hacer? ¿Qué tengo?. ¿He perdido el tiempo? ¿Cuánto? ¿Se puede recuperar? ¿Cómo?

 Después de casi 6 meses de “dejar” a los seres queridos… de iniciar una aventura… pesa… pesa el pasar el tiempo lejos de ellos…. Al final, creo que todo tiene su recompensa… no los dejé porque no los quisiera… pero tenía que vivir esto que estoy viviendo… esta reconstrucción… este segundo aire diría Iván.  Al final todo estará bien…

 Cada experiencia tiene algo enriquecedor… aun y los momentos difíciles, estos siempre tienen enseñanzas… para mí el secreto de la vida es la actitud ante cada situación de la vida. Cada momento difícil, cada prueba, es un momento para crecer… momento de hacerte más fuerte.

 La resignación está llegando…. La aceptación de la realidad que se asimila. Lo que no paso, ya no paso, diría Tomas. Ya no regresara. Se quedará ahí. En el baúl de los recuerdos. En el olvido. En el pasado. En el cerrar del ciclo. En la cicatriz del dolor, del adiós.

 El amor verdadero no muere. Ese sigue, ese no cambia no se pierde. Estará ahí por siempre. Estoy seguro. Ese seguirá, se ira conmigo hasta que Dios me lleve a estar frente a frente a el.  Esa es la esperanza. Aun y se vea y se sienta el temor a la muerte, como un castigo… la esperanza sigue siendo que algún día estaremos frente a frente con el creador. Y ya no necesitaremos nada más.

 El tiempo sigue su rumbo, y creo que no hay pecado más grande que la pérdida de tiempo. Que pase el tiempo sin amar. Con una esperanza vana. Sin poder desarrollar ese ser humano que soy. Estancarte. Inamovible.

 No hay tristeza. Solo momentos de intensidad, no de sufrir, sino de dolor. Pero la sonrisa llega, al saber que todo es para un bien mayor. Las cosas poco a poco retoman su rumbo. Los ciclos terminan. El destino nos ayuda a cerrar los ciclos. Se acabo solectron. Gracias a Dios ya no estará ese nombre en la tierra. Solo en el recuerdo. En el triste recuerdo. Señal más clara del cielo no puedo tener. Hay que dejar atrás todo. Renovar ilusiones. La vida misma nos indica lo que sigue. Las decisiones son hechas por uno. Al final es lo que cuenta.

En realidad, no extraño mucho. No tengo tiempo para extrañar. Es por convicción que quiero estar con ustedes. Cerca de ustedes. No perder más tiempo lejos de mi gente. No sacrificar más tiempo. Es porque lo añoro. Es lo que quiero. No los extraño, los añoro.

Animo. Las cosas siguen disfrutándose al máximo, por eso no se extraña. Porque aquí las cosas son muy chidas.. Las disfrutamos muy chido.. Al máximo… no paramos de reír… pasamos muy buenos tiempos, incluso estoy seguro de que se extrañaran, pero así es la vida hay que luchar por lo que uno quiere hacer de su vida, por como uno quiere vivir, las cosas no llegan por si solas… incluso teniendo que sacrificar cosas, no hay que parar de luchar….

Ya pronto. Estaremos, si Dios lo permite, más cerca. Podremos volver a compartir las alegrías de la vida y las tristezas que uno se provoca. Podremos volver a gritar y reír juntos. Podremos dar un abrazo, una palmada, una caricia.

Ya pronto volveremos a compartir la mesa juntos. Es cuestión de un abrir y cerrar de ojos… ya lo verán….

Juan Pablo